Perpetua en Eribea (52)

Y entonces el Ciclón le dice al General Ismael Garro:

Mi nombre es Daniel Clement. Cumplí cincuenta y cinco años. Terminé mi formación en los Estados Unidos y mi trabajo siempre recibió las más altas distinciones de ese país: fue natural que en el marco de su programa de colaboración con países latinoamericanos, ellos aceptaran poner el proyecto Héxagon bajo mi tutela. Me convertí en el Jefe del Departamento de Desarrollo Tecnológico de las Fuerzas Armadas de la República Argentina. Bajo órdenes directas suyas, General.

Conocíamos los riesgos de una tecnología así de inestable, y también que uno de sus usos pudiera ser el de un arma. Sin embargo, el objetivo inicial y declarado, en el que yo creía, era desarrollar una nueva fuente de energía. Limpia y barata. Esto último era el objetivo central de nuestras investigaciones: que el recurso se adaptase para que su réplica fuera segura y sustentable en distintas provincias de nuestro país. Me convertí en el vocero del proyecto.

El 10 de mayo se me ordenó mandar al equipo de investigadores a su casa y suspender toda actividad en nuestra base de Viedma. Se me informó que el módulo central sería trasladado al día siguiente. Me preocupé: no es un artefacto que pueda desmontarse así nomás. El General Garro me explicó que sería llevado entero y por barco. Pregunté adónde, para qué: se me negó la información, pero una noche de insomnio me bastó para concluir que el uso más probable tenía que ser el de probarlo como arma de destrucción masiva en alguna parte. En lo personal siempre consideré que esas pruebas eran útiles para la ciencia y me expresé públicamente en favor de hacerlas si se garantizaban una locación desierta y las debidas medidas de seguridad. Esas viejas declaraciones, tomadas fuera de contexto, luego se usaron en mi contra durante el juicio.

Tuve medio día para comunicar a la prensa mis sospechas, o para hacer una denuncia legal. No lo hice porque supuse que llevaban el Héxagon para probarlo en el Sur, en alguna playa desierta de la Patagonia. Después ya fue tarde.

Cuando supe que usted no iba en ese barco, sospeché que la explosión podía haber sido intencional. Lo confirmé al enterarme que ningún miembro de su familia estaba en Buenos Aires en ese momento. Usted procuró que se salvaran todos.

No es cierto. Mi hija…

…excepto por su hija, sí, pero porque usted ya la hacía en Europa. Usted sabía que iban a detonar el Héxagon el 11 de mayo. He tenido mucho tiempo para pensarlo. Mucho. Usted aceptó forzar el accidente por algún beneficio personal prometido por el gobierno estadounidense. Ellos querían el agua. La excusa, una vez más, fue la supuesta producción secreta de armas de destrucción masiva. Usted sabe bien que ningún país de Latinoamérica tendría medios para construir un prototipo como el Héxagon. Pero ellos ya habían aprendido de sus errores en campañas similares: en vez de entrar en la región por la fuerza para no encontrar lo que decían buscar, ahora vieron que primero podían plantar esas armas. Un accidente muy conveniente, las volvería reales a los ojos de todo el mundo y de paso dejaría acéfalo al país. Una situación ideal para intervenirlo, si alguna de las facciones internas les brindaba su apoyo. Sin duda podrían contar con el Interinato de Buenos Aires, que entre otras cosas se arrogó la potestad de juzgar el caso. Se me achacaron las culpas automáticamente. Los papeles debían estar fraguados desde mucho antes. Ahora míreme a los ojos, General: ¿tiene algo que decirme sobre todo esto?

Puras especulaciones, dice Garro levantando el mentón con altivez. No puede probar nada de lo que está diciendo.

La respuesta calculada, gracias. Y sobre su participación en la catástrofe por la que se me inculpó, ¿qué tiene para decir, General?

Que usted sabía que estaba jugando con fuego. Y que los más inteligentes siempre resultan útiles cuando a la vez son los más ingenuos.

¿Algo más?

Váyase a la mierda.

Tomo eso como un no. Puede disponer de sus tres preguntas libres.

Ah, ¿eso también? Termine con esta farsa de una vez.

¿Está seguro?

Sí, muy seguro, hijo de perra.

Entonces puedo pasar a cumplir mi segunda instrucción.

_______

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