La Marea de Bronce (44)

El juego de pelota

 

Dos equipos de seis jugadores cada uno intenta pasar la pelota por el aro vertical que puede ver en cada uno de los muros. La pelota es de hule, el mismo material que usamos para el fuego azul. Sólo puede ser impulsada por las caderas. El primero en anotar es el vencedor y su capitán accede al privilegio de ser el sacrificio para Mhuecalxpulli, nuestro dios de la muerte. —dice Cielo de Jade, dirigiéndose a Omhept.

—Entiendo. Aunque carece para mí de toda lógica. ¿Ambos equipos juegan por un puesto en el altar de los sacrificios? —repregunta el sumo sacerdote osirio.

—Exacto Sumo sacerdote, es un honor entre los nuestros servir al dios con semejante  entrega. La familia del capitán vencedor podrá añadir el símbolo el dios a su estandarte y linaje. Además sus hombres podrán acceder a los apliques de jade en el rostro, símbolo de nobleza y poder.

—No hay entre nosotros semejante sacrificio. Sin embargo no hemos estado exentos de morir en nombre de los dioses. Hace ya más de cincuenta ciclos de sol, Lukhnaton, el emperador hereje, intentó cerrar los templos y enviar al clero a la armada, como simples remeros. Creía que solo un dios era real, un dios que exigía además reverencia celosa y única. Fueron años de sangre y muerte para los hombres entregados a los dioses.

—¿Un solo dios? —acota Villac Umu, sacerdote sapaninti sentado al otro lado del osirio. —creo que podría decirse lo mismo del Dios Sol, todos los demás dioses están subordinados a él, o son una emanación y transmigración de esa divinidad total.

—Lo mismo pensamos nosotros de Akh Aton, el circulo solar, el dios sol, estimado sacerdote, pero eso es muy distinto a negar la existencia de esas mismas emanaciones de su divino poder. —responde el osirio. —¿Tiene su pueblo un sacrificio similar a este, Sumo sacerdote de los sapaniniti?

—Si, aunque no podría compararse con un privilegio para el sacrificado. Es usado en casos de abierta acción contra el emperador, que es el sol en la tierra, o de una herejía flagrante. Más que un sacrificio, es una penalidad. Aunque cumple el mismo destino de apaciguar a la divinidad, Sumo sacerdote. —responde Villac Umu.

—Santidades. —dice Irtza. —Estimo que vuestras diferencias, forjadas luego de miles y miles de ciclos del sol, luego de las guerras nagas y el abandono de Anteilha, tienen todas un núcleo común, un estanque primal desde dónde beben el origen de todos los hombres de bronce. Basta con analizar las similitudes. Tanto el supremo Coahilt como Cielo de Jade, llaman al instante en que el cuchillo de jade abre el pecho del ofrecido a los dioses para extirparles el corazón,  bahk.

—¿Bahk? —pregunta Omhept, visiblemente intrigado.

—Exacto, bahk, que es como los osirios llaman al acto de sacar el corazón del cadáver para preservarlo en las vasijas anuk, en las ceremonia de las momias. ¿O me equivoco sumo sacerdote? —dice Irtza dirigiéndose a Omhept.

—Eso es exacto, maitreya. —responde el Osirio. —Agregaría además que el cuchillo con el que se realiza la ceremonia es el mitah anank, por cuya traducción ustedes escucharan como cuchillo verde.

—El color del Jade. —dice Coahilt.

—Exacto. —dice Irtza.

—Es evidente que en nuestro caso, el origen en común se desdibuja en los tiempos y no tenemos tales coincidencias, ni tales continuidades a pesar de las distancias. —dice Villac Umu, mirando a los otros con suficiencia.

—Eso es porque Virac Otla, el padre de los sapaninti se disgusto con Aztlha y a diferencia de sus hermanos se negó a hablar la lengua común, tanto que se la olvido y tuvo que inventar una nueva. —dice Irtza, mirando a Villac Umu directamente. —Sin embargo, sumo sacerdote, ¿no cruzan ustedes con una pechera de oro verde el corazón de sus emperadores al morir?

—Eso es cierto, maitreya. —responde Villac Umu.

—¿Y no están las tumbas, verdaderas necrópolis escavadas en la roca, de todos los emperadores enclavadas en las laderas del Valle prohibido de Itaipi?

—Así es, maitreya. —reconfirma Villac Umu.

—Pregúntale entonces, santidad, a Omhept si algo de lo que estoy diciendo, le resulta familiar. —dice Irtza

—La pechera nubia, el oro verde de los reyes, se coloca en el pecho del emperador antes de que su cuerpo descanse en el sarcófago. Las tumbas de los emperadores de todas las dinastías se encuentran en el Valle Prohibido de los Reyes, en Karnat Phi. —dice Omhept, esperando la respuesta de Villac Umu.

—Algo más. ¿Qué significa Itaipi en sapaninti, Villac Umu? —dice Irtza.

—Descanso del sol, maitreya.  —responde este.

—¿Qué significa Karnat Phi en osirio, Omhept?

—Descanso del sol, maitreya. —dice el osirio y hace un saludo a Villac Umu, quien lo retribuye con un ademán ostentoso.

 

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