Musa (44: Final)

Fueron dos días de escribir sin parar. Nada importaba.

Y al terminar una extraña alegría me llenó. Como hacía mucho tiempo no la sentía.

¿Y ahora?

 

En lugar de subir una reseña, esa noche subí todo mi texto a la red que controlaba las recomendaciones de Musa. No creía que alguien fuera a leerla en verdad. A la madrugada, borracho controlé si alguien en línea había descargado mi texto.

Para mi sorpresa lo había hecho muchísima gente.

Inmediatamente comprobé todas las Musas de El Artífice y Pan. Las conexiones de sus RCEC menos conocidas habían aumentado. Recién en ese momento me daba cuenta la poca gente que había disfrutado la mayoría de sus obras.

Al final todo mi trabajo había servido para algo.

 

Amaneció. Ya sabía lo que venía ahora. Lo había visto pasar en el edificio otras veces.

Junté mis cosas en un bolso. Solo una pequeña computadora y ropa en verdad.

Me senté en el centro de la habitación mirando la RCEC. Pensaba que iba a extrañar más esa vida pero en verdad me sentía aliviado.

Libre de Musas, del trabajo, de cualquier cosa que no fuera yo mismo.

 

El timbre sonó y abrí la puerta desde el portero sin preguntar quién era. Salí al pasillo y bajé por las escaleras sin esperarlos. Sabía que venían a desalojarme, a quitarme todo y echarme.

 

En la calle dudé por un momento sobre qué hacer.

Después comencé a caminar por la ciudad, dirigiéndome al río. Se levantó un fuerte viento que hizo que la basura de la calle se arremolinara a mi alrededor. Descendí lentamente. A lo lejos vi el puente y apuré el paso.

 

De pie allí miré nuevamente el agua negra y espesa moverse imperceptible como el cielo de noche. Algunos rayos de sol lograron atravesar las nubes contaminadas sobre mi cabeza.

 

Bajé a la ribera del río. Y mis pasos me llevaron solo a la entrada de la ciudad subterránea.

Después del horror de la entrada estaba la ciudad. Y quizás El Artífice me esperaría ahí y me recibiría como a un buen amigo que se ha ido en un viaje prolongado.

Lo imaginé diciéndome con una sonrisa: “Llegaste a casa. Este es el mundo de verdad”.

 

En silencio caminé y me sumergí en las entrañas debajo de la ciudad sin dejar nada atrás.

 

—FIN—

 

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