Musa (43)

Después de eso pasé un tiempo sin conectarme, sin trabajar y sin ganar ningún dinero. Tenía mis reservas y podía tomarme ese tiempo.

Lo único en lo que ocupé mi tiempo fue en continuar escribiendo toda mi experiencia en las Musas. Y en beber.

Hacía años que no escribía más que mis breves reseñas y tratar de hacerlo de una manera medianamente correcta me llevó mucho tiempo. Quizás la borrachera no ayudaba pero necesitaba un poco de aturdimiento para no derrumbarme. Pero poco a poco sentí que los textos fluían, que lograba transmitir un poco de la maravilla a la que había sido expuesto.

Recordé cada momento tratando de sumergirme totalmente en mis sensaciones y en traspasarlas al papel. Y sentí algo maravilloso, algo que no esperaba.

Siempre me había sentido frustrado por no poder crear RCEC que sintiera valiosas. Todos mis intentos me decepcionaron hasta darme cuenta que no tenía talento para eso. Pero ahora, escribiendo, sentía una felicidad inusitada. La alegría del hecho de haber encontrado una forma de transmitir de alguna forma mis ideas. Y el reflejo de toda la belleza que me había tocado durante esos años.

 

Escribí y escribí. Hablé del origen de las RCEC, de El Artífice, de muchos creadores y poco a poco me acerqué a el momento en que conocí a Pan. Sabía que allí estaba el punto final de ese texto, así que fui demorando llegar a ese punto todo lo que pudo.

 

Pero la realidad había llegado a mi puerta. Había dejado de ser el crítico inteligente y previsor y me había vuelto un escritor bohemio que había olvidado totalmente que debía pagar por sus gastos. Departamento, electricidad, comida. El mismo alcohol que bebía cada día.

Un aviso llegó a mi monitor de RCEC diciéndome que tenía cuarenta y ocho horas para ponerme al día con todo. Si no se acababa la vida acomodada.

 

Incómodo me conecté y traté de buscar Musas que reseñar, creadores nuevos a los cuales calificar para ganarme el sueldo. Pero no pude hacerlo. Todo me parecía mediocre y no soportaba el tiempo mínimo de conexión que pedían para poder calificar y que me pagaran.

No podía conectarme de nuevo a las RCEC de El Artífice y Pan, eso no me servía, era antiguas y no hacía falta que las calificara.

 

Sentado en medio de la habitación, con el cable tecno orgánico conectado, frente a la máquina de RCEC, sentí que eso se había acabado.

¿Qué haría ahora?

No sabía. Lo único que sentía era la necesidad desesperada de terminar de escribir mi texto.

Así que dejé de pensar en otras cosas y me metí en el teclado a escribir lo que pensaba era el final de esto. Ya pensaría mañana como seguir mi vida. Esto era la urgente.

Pan estaba muerto seguramente y yo tenía que dejar su recuerdo en mi crónica.

 

—ÚLTIMO EPISODIO LA SEMANA QUE VIENE—

 

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