Musa (42)

“No lo sé, recorrí todo la ciudad y llegué a ese lugar, pero él no estaba ahí, o por lo menos no se mostró” le dije. “Pero viste a los niños, ¿ no?”

“Sí. Lo más hermoso y lo más triste que he visto en un RCEC” me contestó.

“Los niños si están allí”

Volvió a toser durante un largo rato. Su cuerpo se arqueaba ante mis ojos y era como si su espíritu luchara para agarrarse a esa carne destruida.

“No puedo salir de la casa” dijo “pero me hubiera gustado ir a ver el lugar. Que estúpido. Nunca antes tuve ganas de salir de mi casa hasta ahora, que ya no puedo.”

“¿Que hablaste con El Artífice?” le pregunté.

“No mucho, lo escuché más que nada. Me explicó por qué ya no podía crear. Que las Musas no le alcanzaban. Le dije que eran lo único que yo tenía. Que me estaba muriendo por ellas y para ellas. Y simplemente me dijo: Te equivocaste, hay mucho más.

Y sé que tiene razón, pero para mí es tarde. Nunca tuve amigos. Pase gran parte de mi vida conectado. Mi único consuelo es haber podido crear.

No me arrepiento. Esto es lo que soy. Aunque me gustaría pensar que también había alguna otra vida para mí.

Voy a crear RCEC hasta morirme. Y necesitaba decírtelo.”

Los ojos se me llenaron de lágrimas. Ya había perdido a mi creador favorito, que con motivos incuestionables había abandonado las Musas. Pero ahora este chico, joven y brillante, se despedía ante mí con el rostro lleno de rabia. Quería vivir. Quería crear. Pero ya no podría.

Volvió a toser con fuerza, de él salió un sonido de muerte ronco.

“Es mejor que te vayas. Solo quería que alguien supiera quién era. Sé que sos el indicado para saberlo, que lo vas a entender” dijo con la voz apagada y rota.

 

Salí de la casa y caminé hasta casa con la mente y el corazón destrozados. ¿Qué haría ahora? El trabajo ya no significaría lo mismo para mí. Ya había atravesado una crisis y no creí poder con esta. Una tristeza inmensa atrapo mi cuerpo. Mis pasos se hicieron pesados.

Lloré.

La puerta de mi departamento se cerró tras de mí como la de una tumba. Dentro me esperaba la máquina de RCEC. Una vida de confort. Y una angustia infinita.

 

Siguiente
Anterior

Ver listado

Anuncios

¿Qué te parece?

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s