Musa (41)

“Lo hiciste justo a tiempo, no me queda mucha vida en verdad”.

Me acerqué  a él sin hablar, sorprendido y angustiado. ¿Por qué cada vez que encontraba a un artista que admiraba era un su ocaso?

Tomé una silla y la coloqué junto a la cama. Sentado allí pude ver lo mal que Pan estaba. Su piel parecía cartón viejo y húmedo. Sus ojos estaban húmedos y se mantenían fijos, como asustados de cerrarse. La conexión tecno orgánica estaba en ruinas aunque ahora de cerca me daba cuenta de que estaba conectada.

Pan se mantenía trabajando, aún durmiendo, aún embotado por las drogas. Con su último aliento.

“Te reconozco” me dijo “del hospital. Sos el que conoció a El Artífice. Yo también lo hice, hace un tiempo, después de salir de allí y volver a conectarme. Pero ya ves, yo no lo resistí. La conexión me está matando”.

“¿Conociste a El Artífice?”

“Después de escucharte hablar de él, y de ser operado para reinsertar el cable, comencé a buscar todas sus obras. Tus críticas me fueron guiando. Con cada una me maraville y aprendí. No había creado una RCEC hasta ese momento. Comencé tímidamente y los resultados me parecían pésimos, tan malos que nadie podría admirar mis Musas jamás. Pero un día entendí el método de El Artífice. O eso quise creer. Él solo se dejaba llevar por sus caprichos. Yo había estado preocupado por lo que iban a decir de mi trabajo.

Fue entonces cuando cree mi primer Musa, la que recorriste. Estaba eufórico. El mundo naranja parecía venido de mis sueños o quizás de algún otro lugar. Pura epifanía. Ya había estado enfermo, cada cierto tiempo en verdad tenía recaídas. Pero al sentir la alegría de crear por un largo rato estuve bien. Y me dediqué a crear Musas sin parar. Hace un mes los médicos me confirmaron que me moría, aunque ya lo sabía. Lo había sentido. Fue entonces cuando decidí que necesitaba hablar con El Artífice y con vos, antes de morir.

Con El Artífice porque lo admiraba. Con vos porque te quería agradecer”.

“¿Y donde lo encontraste?” pregunté.

“En la misma Musa que vos, la de las calles, el puente, la ciudad de los olvidados, los niños y la fuente. Allí hablé con él y me despedí. ¿No es raro que la mejor RCEC que puedas experimentar sea una en la que la imaginación pura no tiene mucho sentido, sino que lo que manda es el recuerdo? Porque ese lugar existe, ¿no es así? Él está ahí.”

 

Siguiente
Anterior

Ver listado

Anuncios

¿Qué te parece?

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s