La Marea de Bronce (40)

Un plan simple

 

A pesar de que se había encontrado con Khona y los hombres del cazador, y sabía que iba a encontrar, la imagen de sus amigos, Cuful, Trenchen y Gultrum, intercambiar agua de las vasijas con los sapaninti lo conmovió. Observó, escondido tras los árboles, a esos tres sapaninti que descansaban en el linde del bosque, aprovechando la sombra de los pinos azules o curalcaren como los llamaban los punchen, pinos que era  más pequeños y bajos a medida de que el bosque cedía paso a la llanura. Mientras los suyos los observaban entre confusos y desconfiados.

Tomó las dos liebres de la llanura que había cazado, se las colgó cual morral y salió de entre los árboles. Los dos sapaninti que estaban recostados sobre el tronco de un curalcaren, se levantaron rápidamente y tomaron sus lanzas, Namun levantó sus brazos en señal de paz y siguió avanzado con precaución.

—Nuestro, nuestro. —gritó Gultrum en punchen, golpeándose el pecho para explicar gráficamente a los sapaninti que no había riesgo.

—Gultrum. —dijo Namun acercándose ya con los brazos al lado del cuerpo. —¿Qué es lo que pasa?

—Ordenes de Mhuencalfú, tenemos una tregua con los sapaninti. Namun, sigue la corriente y habla conmigo gesticulando como si estuviéramos bromeando y contándonos sobre la caza.

—¿Qué es lo que pasa acá, Gultrum? —dijo Namun mientras señalaba las liebres, con un tono fingido.

—Mhuencalfú detuvo a los ejércitos sapaninti que se aproximaban y hablando con su general logró una tregua, tal vez una alianza. Mhuencalfú y el viejo Trulcalfuram, jefe de los tehuels de ambos lados de la cordillera llamarán a un Consejo de la Confederación huenche.

—Pero…eso es una locura. Estos son los asesinos de nuestros padres. —dijo Namun, señalando el Sol.

—Lo sé Namun, por eso estoy contándote esto. La maaki nos contó tu misión, nos ofrecimos a venir con estas basuras sapaninti, para intentar detener la ejecución de Khona, Mhuencalfú lo acuso de intento de asesinato. Lo atraparon durmiendo, cuando lo llevaron al centro de las tolderías, supimos que la acusación era falsa. Tenía una herida de mazazo en la sien. Un mazazo sapainti, sin lugar a dudas. La maaki notó que habíamos descubierto la verdad y con señas nos hizo guardar silencio. Luego nos puso en conocimiento de todo. Nos ofrecimos a Mhuencalfú a llevar a Khona al bosque para su ejecución. Fue cuando los sapaninti llegaron a la toldería y se encargaron a pedido del jefe de cumplir la sentencia. Insistimos en ir a cerciorarnos de que Khona muriera, Mhuencalfú accedió pero se lo habían llevado al amanecer. Estamos esperando el momento de atacar a estas tres escorias y buscar a Khona. —dijo Gultrum, mirando alternativamente al bosque y a los sapaninti.

—Escucha Gultrum. Khona está bien. Muy herido, pero bien. En este momento El Cazador lo lleva a tierras rancas.

—¿El Cazador? —dijo Cuful, sin cuidar su entonación. Uno de los sapaninti se volvió hacia ellos y comenzó a prestarles atención.

—Si, Cuful, yo también lo creí una leyenda para contar en torno a las fogatas, pero existe y está advertido de que los sapaninti y sus ejércitos aliados marchan hacia nosotros para una guerra total.

—Puncarí, puncarí. —dijo un sapaninti acercandose a los punchen. —puncarí. —agregó en tono interpelador.

—Seguimos después. —dijo Gultrum y sacando rápidamente su boleadora la arrojo a la cabeza del sapaninti. Una de las piedras le destrozó la nariz. Antes de que Namun pudiera si quiera sacar su cuchillo de bronce, Cuful había enlanzado a un sapaninti y lo había clavado al tronco del pino azul. Trenchen, ágil y veloz había saltado sobre el otro y tomandolo por el cuello lo asfixiaba sin hacer caso de los golpes que el sapaninti tiraba desesperado tratando de desprenderse del brazo del punchen que lo ahorcaba.  Gultrum termino con un golpe de cuchillo con el sapaninti que, arrodillado se tomaba el rostro ensangrentado, e intentaba sacarse de alrededor del cuello la boleadora.

—Vamos. —dijo limpiando la sangre de su cuchillo.

—No. —dijo Namun, necesitamos un hombre en la toldería, alguien que pueda informarnos de los pasos de Mhuencalfú.

—Ninguno de nosotros puede volver sin los sapaninti.  —dijo Gultrum.

—Es cierto. —dijo Namun y se detuvo un momento a pensar. —También mi regreso resultará sospechoso en este momento, sumado a que yo soy uno de los amigos públicos  de Khona.

—Yo volveré a la toldería. —dijo Trenchen, hablando por primera vez. Luego saco su cuchillo de cobre y se realizó un corte transversal en todo el pecho. La sangre comenzó a caer desde la herida mientras todos lo miraban incrédulos.  —Nos atacaron los rancas. Todos murieron. Yo escapé. —agregó.

Namun y Gultrum se miraron y rieron. Cuful se unió a la risa mientras Trenchen los miraba, ahora él, incrédulo.

—Simple, justo, real. Perfecto. —dijo Namun acercándose a Trenchen quien sin dudarlo, se acopló a la risa general.

 

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