Perpetua en Eribea (40)

Caballeros, Sylvia: me disculpo por la demora. No podía dejar a media frase a los franceses, y hay que ver lo que les gusta perorar cuando se trata de industria y leyes de inmigración. Póngame al tanto, Diaz: ¿cuánto queda para el acoplamiento?

Menos de veinte minutos, señor.

Sólo para que quede registrado: insisto en que debimos suspender el lanzamiento. Teníamos tiempo suficiente para abortar.

Hubiera sido demasiado caro, señor. El material orgánico ya estaba a punto. Los representantes de las empresas asociadas prefirieron correr el riesgo antes de afrontar una pérdida así.

Más caro nos puede salir que todo esto se vuelva un escándalo internacional. Eso es lo que yo digo.

Con todo respeto, señor Presidente: hubo una votación. Y ganamos nosotros.

Gracias por la clase de instrucción cívica, Sylvia. Saludos a tus jefes cuando vuelvas a Chicago. De paso que te expliquen por qué apenas ahora hablan de “correr riesgos”. ¿No hubiera sido más seguro gestar a los ciclones completos en cualquier granero perdido del medio oeste, en lugar de hacerlo en el espacio y con un país inestable como “socio”?

Aquí hay demasiados ojos y demasiados oídos. En el espacio no hay espías. Y allá arriba tenemos de regalo unas muestras de ADN sobre las que nadie reclamaría derechos o abusos de ningún tipo. De paso a usted le vino bien ganarse a ese socio latino para resolver nuestro déficit de agua, ¿no? A todos nos fue bien con esto.

Diaz, si salgo reelecto, recuérdeme eliminar la enmienda de libre representación empresarial en el Senado.

Será un placer, señor.

OK… ¿Qué novedades tenemos del Sur, mi querido Madison?

El anuncio en el sitio produjo el efecto esperado entre la población. Y en los informativos con más tráfico casi no se han publicado noticias sobre una posible fuga en Eribea, y ninguna acerca de la llegada de algún transporte al satélite. Levantaron más revuelo las intrusiones previas de los hackers que el corte en la última simulación de Clement. No es la primera vez que el Website de la Memoria tiene problemas en la transmisión. Claro que los anteriores fueron inconvenientes reales. Tecnología vieja, sin modificar desde el año…

Ahórreme los tecnicismos. No hace falta ser un experto, tan sólo con la palabra website… Dios, me recuerda a la primaria en Alabama. Entonces, ¿todos tranquilos allá abajo?

Sí. Excepto por nuestro viejo aliado, el General Garro. Llamó muy preocupado por el estatus del Doctor Clement, obviamente.

¿Qué sabemos del buen Doctor?

Desde su escape, nada más. Todos los sistemas de Eribea siguen cerrados. A Garro lo tranquilicé explicándole que Clement no tiene forma de salir de ahí, y ni hablar de volver a la Tierra. Aunque, la verdad, no podría asegurarlo… Por eso mi consejo es hacer algo contundente al respecto.

Llegado el momento se hará. No me importa Clement. Es un animal apaleado y solo, una de las doce personas más odiadas del planeta. Nadie lo apoya, ni siquiera sus liberadores están con él al cien por ciento, como pudimos ver. Si hay que sacarlo de en medio, lo hacemos y listo. Pero en este momento ni siquiera eso podemos hacer. No sin el sistema. Y en cambio él puede hacernos mucho daño. Sólo Dios sabe qué esté planeando. Puede destruir la carga del transporte. Puede inmolarse con él y con Eribea. Puede intentar comunicarse desde allá con algún top leaker y ratificar las denuncias de Oktubre. Bastante nos ha costado hasta aquí desprestigiar y minimizar esas denuncias alrededor del planeta. Una fortuna. Si él las ratifica insistentemente desde allá arriba, ya no será tan sencillo. Hay que actuar cuanto antes. ¿Cómo vamos con el ataque por fuerza bruta, Hawksbill?

Sigue en curso, señor. Pero lleva tiempo.

¿Más de quince minutos? No se ría de mi pregunta.

Es imposible saberlo, señor. La contraseña puede aparecer en cualquier momento. Pero sí, lo más probable es que lleve bastante más que eso.

¿Y qué hay del plan B? El que propuse anoche.

¿Hackear a los hackers, señor?

Sí.

Bueno, con todo respeto…

OK, OK. Ya veo. Ni A ni B. Eso quiere decir que el mejor disparo que tenemos es nuestro equipo en Paraguay. ¿Qué sabemos de ellos?

Llegados hace una hora a Asunción, directo desde la triple frontera. Rodeando a toda velocidad el objetivo.

Espero que la geolocalización no sea falsa también esta vez.

Estamos seguros en un 90 por ciento, señor Presidente.

¿“90 por ciento”? ¿A eso le llama “estar seguro”? Lo mismo dijeron las seis veces anteriores. ¿Sabemos o no sabemos?

Con más certeza que nunca, señor. Son ellos y están ahí.

En ese caso hay que ser muy precisos. No vamos a…

Disculpe, señor Presidente: acérquese a la pantalla. El comando está en posición.

Deme eso. ¿Capitán Geller, me copia?

Alto y claro, señor Presidente.

Sin esos terroristas no podemos recuperar Eribea, capitán, al menos no tan rápido como necesitamos. No los haga volar en pedazos, Geller. Los necesitamos vivos, repito, vivos. ¿Entendido?

Sí, señor Presidente.

Ahora entren ahí sin romper nada y capturen a esos dos bastardos. Siéntenlos frente a una pantalla, métanles un rifle en el culo y díganles muy claramente que quiero mi satélite de vuelta.

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