Musa (36)

Cuando la mente se aclaraba y la mirada se acostumbraba, entendías de inmediato el frío que sentías antes, cuando la conexión empezaba a concretarse.

De pie, en una esquina junto a un edificio derruido, la lluvia te mojaba por completo. Agua helada y viento castigaban el cuerpo sin parar.

Esta Musa era distinta a las anteriores de Pan.  No buscaba mostrarnos esas realidades imaginativas y surrealistas que había creado hasta ahora. En esta RCEC estábamos de pie en un mundo tan real como el que se pudiera crear.

Mojado, entumecido, con un cansancio infinito en el cuerpo y el espíritu, tomo la decisión de caminar.

Recorro un barrio viejo, como en el que crecí hace tantos años. Las casas están descuidadas, los jardines con yuyos altos. Muchas tienen las ventanas cerradas pero desde dentro se adivina a gente realizando sus tareas diarias.

Me cuesta mirar a través de la cortina de lluvia y con la mirada baja recorro una avenida mirando mis pies, para no tropezar ni caerme en un charco.

Llego a una plaza en la que una fuente inmensa une su agua a la de la lluvia. En una esquina, atravesando la plaza, había un gran hospital. Mientras me acercaba a él, la sirena de una ambulancia satura mis oídos. La veo doblar en la esquina a toda velocidad y estacionarse frente a la entrada de urgencias. Dos enfermeros y un médico bajan a alguien en camilla. No alcanzo a verlo antes de que lo entren al hospital, pero me deja una sensación extraña, como si se tratara de alguien conocido.

Dejo atrás el hospital y sigo caminando bajo la lluvia. Me dirijo hacia algún sitio desconocido para mí pero es el único lugar al que pueda ir en esta Musa. La sensación de urgencia hace que acelere mis pasos.

Casi corriendo llego al frente de una casa grande, con un jardín al que se ingresa por una gran puerta de hierro. Trato de abrirla y no puedo. Grito un nombre varias veces, esperando que alguien salga y me abra. Pero nadie lo hace.

Derrotado. Impotente. Débil. Me siento junto a la puerta y me hago un ovillo mientras la lluvia pareciera que no fuera a parar nunca.

 

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