La marea de bronce (34)

Los cinco de la Pirámide

 

La Ciudad de los dioses, abandonada desde las guerras nagas, era el lugar elegido por Irtza para la primer reunión del Consejo de Bronce. Este actuaría como comando y centro de decisión de la invasión, decisiones que serían inapelables y tendrían la autoridad necesaria para encauzar semejante empresa.

La avenida de los muertos, una calzada de piedra de cincuenta metros de ancho, comenzaba en la puerta de las serpientes y terminaba en las escalinatas de la pirámide del Sol. Irtza esperaba a los concejales apoyado en su bacúlo blanco, en la cima de la pirámide. Guerreros elohim custodiaban la extensa calzada al costado del camino empedrado. No sería fácil poner de acuerdo a los hombres que había convocado, cada uno hablaría por su rey y cada uno necesitaría sopesar pros y contras de la invasión. Los shatszas eran respetados y temidos, pero al menos Coahitl, el supremo sacerdote tenochta y Villac Umu, el gran sacerdote del sol sapaninti tenían a sus espaldas un imperio que cuidar, que agrandar, que resguardar. Omhept el osirio que había cruzado el océano era una incógnita. Irtza combatió en Osiria en el asedio de la ciudad blanca de Ib, el último bastión de los nagas en el continente de los reinos negros y fue consejero de Kehep el primer emperador osirio, pero de eso hacía tantos ciclos que no era de esperar que Omhept reconociera la tradición shatsza. El Consejo se completaba con Cielo de Jade, el líder religioso de todos los nahuas, creador del Códice del Viento, una recopilación de textos que incluían las dos primeras traducciones del Libro Blanco a la lengua nahua.

La comitiva sapaninti fue la primera en cruzar la Puerta de la Serpiente. Villac Umu no conocía a Irtza, el alcance de los shatsza se había disfumado en el sur, cuando la Fortaleza elohim de Icohuasi, fue abandonada por los hombres santos. Nadie sabía muy bien  porque, algunos viejos chamanes de las montañas acusaban a los sapaninti de la expulsión de los shatsza. Pero estos se habían limitado a ocupar la fortaleza luego del abandono. Villac Umu, tenía entre sus asuntos para hablar con Irtza, justamente el incidente de Icohuasi.

Cielo de Jade llegó luego de Villac Umu. Llevaba el cetro verde, señal de la alianza de las ciudades estado nahuas, quienes habían accedido a marchar bajo la bandera del rey Palan. Era el primer símbolo de la unidad que permitía la guerra, era la base misma de la invasión. Una alianza fuerte y bien estamentada era la única forma de lograr la victoria. La llave de la Marea de Bronce, es la unión, y lograr eso, al menos comenzarlo en esta reunión, era la tarea de Irtza.

Coahil, llegó tercero. Más que a Irtza, a quien conocía y había recibido en Tenochta hacía tan solo un mes antes. El supremo sacerdote tenochtcha sabía que él y Villac Umu, debían tener una conversación a solas. Sería sobre los hombros de esos dos imperios que la invasión se mantendría, por ende serían ellos y no otros los que deberían sacar el mayor provecho de la guerra. Presentía que el sacerdote sapaninti sabía lo mismo. La cuestión es quien de los dos daba el primer paso para acercarse.

Ya con todos los sacerdotes flanqueando a Irtza en lo alto de la pirámide, junto a la puerta del Templo del Sol, hizo su arribo Omhept, el osirio. Ninguno de esos grandes hombres, con excepción de Irtza, pudo evitar sentirse asombrado. El sacerdote Osirio, calvo, portando las varas  doradas de los reinos osirios, vestido con una fina túnica blanca de lino e hilo de oro se acercaba lentamente, seguido por cuatro soldados que portaban dos gigantescos cofres.

Cuando llego a la cima de la montaña, hizo una leve reverencia con la cabeza ante Irtza, que luego repitió ante los otros hombres, que devolvieron la cortesía.

Mir hampa, ostiriaph. —dijo, repitiendo la leve reverencia.

Irtza, hizo una expresión de extravío y buscó entre su túnica. Sacó al fin un pequeño saco, de dónde extrajo cinco pequeñas estatuillas en piedra. Y las repartió. Eran unas representaciones de lenguas de animales que sacaban la lengua en recuerdo de la señal ofensiva más antigua que recordara la humanidad. Irtza hizo señas para que cada sacerdote apretara en su mano derecha la estatuilla.

—Las lenguas de piedra son un artificio hecho por los shatzsa cuando el dios dormido soñó las distintas lenguas de los hombres y no podíamos entendernos los unos de los otros. —dijo.

—Fantástico. —dijo Cielo de Jade. Los otros asintieron. Las lenguas de piedra hacían que todos se entendieran aunque hablaran cada uno en su propia lengua.

—Saludos desde las tierras osirias. —dijo Omhept. Y esta vez todos entendieron las palabras del visitante.

—Hay mucho que discutir, mucho más que acordar y aún más que poner en marcha. —dijo Irtza y les señaló a todos la entrada al Templo.

La Marea de Bronce daba, formalmente, inicio.

 

Siguiente

Anterior

• Ver listado

Anuncios

¿Qué te parece?

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s