Musa (33)

Nuevamente estaba enganchado hasta lo más profundo.

Volví a todas mis obsesiones siguiendo la estela de Musas que Pan iba dejando sin parar. Era un creador febril, mucho menos prolijo que El Artífice, pero aún en su torpeza y apresuramiento sentía sus RCEC más vivas que el resto de las que se seguían creando.

Cuando regresé por fin a El Salón, luego de más de un año de no ir allí, todos estaban enloquecidos por Pan, no paraban de hablar de él, creadores y críticos, todos pensando cómo trabajaba, de donde había salido, su edad, si era hombre o mujer. Estábamos todos metidos en un fanatismo extremo.

Queriendo repetir lo que había sucedido con la chica y El Artífice indague a todas las personas que pude. Charle con ellas buscando algún detalle que me descubriera al nuevo creador en esos rostros irreales. Pero no encontraba nada.

Necesitaba hablar con él. Por alguna razón quería contarle lo que sabía de El Artífice, explicarle lo que había aprendido de él, tratar de que Pan no siguiera su camino y nos abandonara. No podía pasar de nuevo. No podía dejarlo. Tenía que crear cientos de Musas, tenía que sostener mi vida hasta el último aliento con su talento.

 

Cada semana Pan subía dos o tres Musas nuevas. No me alcanzaba el tiempo para recorrerlas. Me perdía en ellas y trataba de buscar señales, patrones, estructuras. Pero todo era caótico aunque muy divertido. No tenía reglas. No tenía mensaje. Solamente nos bombardeaba con ideas geniales, imágenes increíbles, RCEC que te aturdían, te golpeaban, te hacían sentir miedo y felicidad.

 

Aunque trato de recordarlas todas para escribirlas y dejar el registro de mis sensaciones e ideas, son demasiadas. Aún en mi caso, que en ese momento pasaba gran parte del día buscando y conectándome a todas las Musas posibles, seguramente alguna se me escapa. Y además es como si él nos hubiera saturado. Sabiendo que no podría mantener la perfección de las de El Artífice o de las primeras que creó, Pan nos tapaba de creaciones de todo tipo y nosotros lo seguíamos en todo lo que nos ofreciera.

 

 

El arte que pensé que desaparecería con la epidemia, volvía a florecer y yo, de nuevo, era uno de sus principales impulsores. Mi labor como crítico, como descubridor en verdad, porque a El Artífice y Pan los había experimentado y recomendado antes que la mayoría, era muy conocida. Quizás ese fue otro de los motivos que me impulso a escribir este texto: Legado y vanidad. No importa. Por suerte lo hice. Porque lo que vendría después sería tan extraño y maravilloso que me avergonzaría haberlo dejado perderse en el olvido.

 

Siguiente
Anterior

Ver listado

Anuncios

¿Qué te parece?

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s