Musa (31)

Y entonces allí estaba el mundo naranja para mí.

 

Recorro la primer creación de Pan, un lugar de tierra naranja, polvo naranja, cielo y horizonte naranja. Mi cuerpo se vuelve poco a poco naranja y un zumbido llena mis oídos, me marea, hace que mi mente se pierda en el color.

Trato de mantenerme mi consciencia como una, camino, corro, me sacudo el polvo del cuerpo golpeando con mis manos, pero es imposible, el naranja se mete dentro de mí.

Cansado, me detengo, respiro agitado y siento como mi interior se llena también del ambiente del exterior. Observo alrededor, buscando algo distinto, algo que me aleje de este color, y entonces, como un oasis, veo algo negro moverse a lo lejos.

Corro hacia él con mis últimas fuerzas presa de una excitación que me hace feliz. Veo que el punto negro aparece y desaparece rítmicamente bajo el polvo naranja. Tengo la certeza de que es una criatura viva y el deseo de atraparla llena mi corazón.

La persigo un buen rato hasta verla desaparecer en un hoyo en el suelo. De pie observo el sitio esperando que salga nuevamente y cuando creo que ya no lo hará siento entre mis pies la tierra moverse. Es una especie de babosa, sin rostro, negra, del tamaño de un gato. Se enrolla entre mis piernas y no resisto la tentación de tocarla. Siento una descarga de placer en la punta de mis dedos. La criatura se enrolla en mi mano y sube por mi brazo.

La observo allí, abrazándome, y siento una sensación atroz. Quiero morderla, devorarla. La sed y el hambre nublan mi mente.

Lo hago.

Un líquido blanco corre por mi boca y me impacta aún más fuerte que cualquier droga que hubiera probado antes. Mi cabeza se desgarra. Luces. Sonidos. Un gusto metálico y acre baja por mi garganta. El mundo a mi alrededor estalla, cambia. La criatura me lleva a otro lugar con su sangre. Siento pánico y dicha. Como si la iluminación llegara a mí por fin.

Y entonces la Musa se acaba.

 

Estoy en mi habitación de nuevo. Mi sistema de desconexión funcionó. He regulado la droga y la RCEC para nunca superar las cinco horas de conexión. Antes no lo hacía, antes pasaba toda una noche perdido en un mundo extraño. Ya no. Y por suerte lo he hecho, porque siento que si no hubiera estado conectado durante horas a la Musa de este creador. Busco su nombre. Pan.

Me levanto y bebo agua. Estoy nervioso. Excitado. Como antes.

Duermo esa noche soñando naranja y despierto a la mañana siguiente con la ansiedad de conectarme a ese mundo de nuevo y esperar más de Pan.

Necesito más.

 

 

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