Musa (28)

No podía creerlo. Realmente solo yo me había conectado a todas las Musas de El Artífice.

Dude de si decírselo a los demás. Un placer culposo del que conoce el paraíso y no sabe si compartirlo.

Pero no me aguanté.

Pasé lo que quedaba de esa tarde y toda la noche, describiéndoles todas las RCEC. Trate de recordar cada detalle y mi mente, a pesar del cansancio y los medicamentos que inundaban mi cuerpo, recordó y compartió, como hacía años que no lo hacía, la belleza y la fuerza de las Musas en las que se había perdido.

Todos me escucharon en silencio y comenzaron a lamentarse por no haber estado atentos. Por “haber perdido la fe”, dijo uno de ellos sonriendo.

Como un acto egoísta sin mucha explicación, no les conté sobre la primer Musa, en la que me encontré cara a cara con El Artífice. Sentí que tenían que ganarse eso. Que debían buscarla, internarse en ella y llegar hasta el final.

Entonces, un chico joven, con una gran venda cubriéndole parte de la cara y el cuello, seguramente con una gran infección en la cicatriz de conexión, nos hizo dar cuenta de algo.

No sería fácil que pudiéramos colocarnos el cable tecno orgánico de nuevo. Los médicos nos habían dicho que aún no sabían si se podría hacer, que quizás nuestra salud correría riesgos de intentarlo.

Me sentí aliviado por haber recorrido las RCEC de El Artífice, pero a la vez me sentí triste por los demás. No podía decir con seguridad de que si mi vida estuviera en peligro, me atrevería a someterme a la operación.  Dudaba y sentía que la parte más importante de mi vida había terminado.

Entonces el chico que había hablado antes, con los ojos cerrados, sentado en su cama, dijo lo que todos estábamos pensando.

“No me importa lo que me pase. Voy a colocarme de nuevo el cable tecno orgánico. Las Musas son mi vida. Lo voy a hacer pase lo que pase”.

 

Y así fue. Todos los que estábamos en esa habitación nos volvimos a operar. Algunos enfermaron y murieron después de eso, sus cuerpos y sus mentes no soportaron.

Otros, como yo, estuvimos enfermos nuevamente y después de mucho dolor, nos recuperamos y pudimos volver a ser usuarios.

Ni el terror más puro nos pudo alejar del gozo de los mundos creados.

No había más vida que esa para nosotros.

 

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