La Marea de Bronce (24)

 

La reina de Tolomac II

 

—La opción es clara Anthas. Tokan es el mejor posicionado para ponerse la corona de plumas del norte, para unir a los que nunca se han unido y llevar el liderazgo de las naciones de estas tierras. —dijo Irtza mirando como la bruja preparaba el brebaje para el trance.

—Muchas vidas has caminado por aquí Irtza, peregrino, y aún no ves las cosas pequeñas de los hombres. Los pliegues que hacen incomodo el vestido, ahí dónde los hombres fallan. No es en la gran empresa, si no en la rencilla dónde anida el terrible destino de los mortales. —dijo Anthas mirando fijamente a Irtza.

—Explícate Anthas. —dijo Irtza.

—Tokan es el mejor guerrero de estas tierras. Tal vez el mejor guerrero de este rincón del mundo. Pero es hijo de una pelirroja y muchos hablan a sus espaldas, le temen. Muchos quieren verlo caído, derrotado.

—Como Woja, tu aprendiz. —aclaro Irtza para hacerle saber a Anthas que tenía conocimiento del brujo amigo de Jonté.

—Woja es sólo un hombre enamorado. Un viento suave enamorado de un torbellino. Nada más.

—Lo proteges, Anthas, y entiendo por qué lo haces. —dijo Irtza tratando de suavizar la cuestión.

—Sólo aclaro los bosques que ves desde lejos, maitreya. Si los hombres siguen a Tokan, es porque este es un gran guerrero, sí, pero sobre todo porque era el elegido de Hohawnk. Sin el gran jefe, muchos reclamaran su puesto, aduciendo que no se puede ir a la guerra contra los pelirrojos con un jefe que tiene sangre del enemigo hirviendo en su cuerpo.

—Tokan es un mohaw, como tú y como yo soy un shatzsa.

—Peregrino, ¿realmente crees que todos irán a la gran guerra de los hombres de bronce contra los hombres de plata sólo para salvar a las futuras generaciones, sin pedir a cambio nada, ni gloria, ni tierras, ni más poder? Subestimas el negro deseo que vive en el corazón de todos los hombres. Pon a Tokan en el trono inventado y verás como las hachas se le acercan al cuello buscando su sangre.

—No hay opción, hechicera. La profecía lo exige. ¿Conoces el canto de los libros blancos?

La corona de plumas se posa en una cabeza, tras ella van los hombres a la guerra. —canturreó Anthas. —¿Olvidas maitreya que nos enseñaste a mí y a Miska los cantos cándidos? —agregó.

—No, Anthas. Pero tampoco debes olvidar que es un secreto que sólo tiene tres patas. Miska, tú y yo.

—Las mujeres no deben conocer el arte de escribir el sonido. Jamás lo olvido maitreya. ¿Cómo olvidar que debo parecer algo que no soy?

—La mujer fue el primer ser humano, por lo tanto fue la primera que cometió error.

—Sí, también conozco esa historia, Irtza. El mito que nos impide ser más que instrumentos, adorno, ornamento. Pero tu también sabes de la gran Diosa, de sus tribus dormidas, las tribus invisibles…—la mirada de Anthas se perdió en un horizonte más allá de la tienda en la que estaban.

—Cuidado, Anthas. Mi aprecio por ti y mi protección no llegan hasta la blasfemia.

—A veces me gustaría que algunos te vieran más allá de tu santidad. Me gustaría que vieran como tu mano digita los planes para cumplir profecías que no se cumplirían si dejaras en paz al círculo que teje los hechos. Irtza, peregrino, maitreya. ¿Crees que tu dios dormido ordena el caos de los cielos y la tierra, crees que las mujeres estamos detrás de las tareas domesticas y no mucho más? Pues bien, en breve una mujer te dará una sorpresa. —dijo Anthas y volvió a canturrear sólo una parte de los cantos cándidos… tras ella van los hombres a la guerra. Tras ella van, los hombres del norte a la guerra.

Irtza dejó la tienda ofuscado por su conversación con Anthas. La profecía se cumplía al pie de la letra. El no había llamado a los pelirrojos para que invadan por segunda vez estas tierras. Los Libros Blancos son claros. Antes de cruzar el mar y de la gran guerra, los pelirrojos volverán a pisar tierras del norte, de su derrota, emergerá un rey, el primero entre las naciones del norte, quién llevara una corona de plumas. Será  elegido cuando cruce la puerta quemada de la ciudad  y lo reciban los brujos. Será coronado por un maitreya. El no había traído a los pelirrojos a guerrear en Tolomac, pero haría todo lo posible para que Tokan cruzara la puerta quemada del puerto y las confederaciones del norte tuvieran en sus manos al mejor de los hombres para que los lleve a la gran guerra.  

 

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