Musa (24)

Lo primero que siento es la cicatriz, al costado de mi cabeza, una costra seca y rugosa que va desde la sien a mi nuca. En la penumbra veo mis pies descalzos y sucios.

Trato de ponerme de pie y los cables de la conexión en mi cabeza se enriendan y tironean mi piel. Los desconecto y me pongo de pie.

Mi cuerpo es débil, está mal alimentado y herido. Acarició con mis dedos la herida, mi boca y mi pelo. Uso todas mis fuerzas para caminar hacia las luces a lo lejos.

Ya estuve aquí pero yo era otro.

Conozco hacia donde me dirijo pero esta vez cada paso es de un dolor inenarrable. Arrastro los pies y me balanceo a punto de caerme todo el tiempo. La última vez mi mente estaba clara y buscaba a El Artífice, ahora, aunque mi yo real está allí, se encuentra sumergido en esta mente, este personaje creado, que tiene los sentidos nublados. No puedo percibir bien lo que hay a mi alrededor pero voy hacia las luces.

Entiendo que estoy en el cuerpo de un usuario marginal, destruido por las drogas y las RCEC, pero desde mi rincón oscuro en esta realidad creada, trato de entender por qué El Artífice experimentó él mismo con algo así. Todo este tiempo, mientras me conectaba a sus Musas, buscaba una estructura, creía que habría un plan, una idea subyacente. Pero quizás El Artífice simplemente había creado en libertad, sin ninguna pretensión. Sin buscar darnos una lección.

Al fin llego a las pequeñas calles llenas de casas precarias en las que ya estuve. Me siento muy mal, transpiro helado, tiemblo. A lo lejos veo la fuente y mi corazón se acelera. Voy hacia ella con desesperación, mi boca y mi lengua sufren espasmos. La sed. Nunca había sentido sed así.

Trato de apresurarme pero tropiezo. Lastimo mis rodillas al caerme y veo los pantalones rotos que llevo mancharse de una sangre oscura.

Arrastrándome llego al borde de la fuente, me elevo con los brazos, me apoyo en el borde y mojo mis manos sucias en el agua, que extrañamente, es cristalina y brilla con las luces sobre ella. Me mojo la boca, la cara, la cabeza. Me pongo de pie y sumerjo la cara completa en el agua. De pie siento como las gotas corren por mi ropa.

Mi cabeza está clara y con una felicidad sin igual en mi pecho. Con algo tan simple.

Me desconecto de la Musa y en un acto reflejo pido a la máquina que me sirva un vaso de agua helada. Lo bebo de pie, mirando por la ventana ese  mundo que estaba lejano a mí hasta el momento, pero que El Artífice acerca cada vez más a mi mente y corazón. Si, el me hace entender lo más extraño, lo que nunca pude comprender. El dolor del otro.

 

Siguiente
Anterior

Ver listado

 

Anuncios

¿Qué te parece?

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s