La marea de bronce (23)

 

La reina de Tolomac I

 

Tokan, ensangrentado, sentado sobre el cuerpo de un pelirrojo, miraba en silencio el río de cuerpos muertos sobre la plaza de Tolomac. En la puerta norte, que había sido el sitio más disputado en la batalla, Tokan podía ver a Irtza, el shatzsa y al sacerdote de los hombres que habían salvado la batalla con sus maquinas lanzadoras de fuego. Estos hombres con apliques de jade incrustados en el rostro, coloridos penachos y extrañas armas de obsidiana, eran extraños en esas tierras, casi más extraños que los invasores pelirrojos que habían ayudado a vencer.

Tokan vio como esos hombres entraban en Tolomac siguiendo a Irtza. No podía moverse, estaba exhausto. En ese momento se acordó del jefe, había salido a la plaza con los guerreros más viejos cuando los pelirrojos amenazaban con romper la línea de lanceros elohim y llegar a la gran Casa de los Jefes.  Se incorporó haciendo un tremendo esfuerzo y caminó tambaleándose hacia la Casa. En la puerta revisó los cuerpos de los caídos. Había elohims, pelirrojos, mohaws e incluso escalpadores con su característica  pintura de guerra en el rostro. Pero no vio al jefe Hohawnk. Entró en la Casa de los Jefes y revisó toda la estancia. Solo estaban las mujeres, dispuestas a pelear pero escondidas, sin saber si el combate había terminado.

—¿El Gran Jefe? —preguntó Tokan a Anthas, la más vieja de ellas.

—El brujo de blanco lo sacó. Estaba herido, dijo que iban a curarlo y que nos quedáramos acá hasta que alguien venga a buscarnos.

—Ya terminó. —dijo Tokan volviendo hacia la plaza. —Hace falta ayuda afuera. —dijo antes de salir de la Casa de los Jefes.

De lejos, Emir vio salir a Tokan de la Casa y le indicó que se acercara.

—Tokan, ven conmigo. Irtza está con el jefe Hohawnk. Está herido pero creo que vivirá.

—Pagamos un precio alto por la victoria general Emir.

—Así es Tokan. ¿Cuantos hombres tienes en pie, contando heridos leves?

—No lo sé aún. Pero por lo visto creo que perdí la mitad de guerreros.

—Si, en todos los frentes hemos perdido más o menos esa cantidad.

—¿Los pelirrojos huyeron?

—Si, las naves de los nahuas los persiguen para asegurar la huida. Yo envié un batallón hacia el norte a reconocer la zona del bosque dónde aposté los lanceros para que detengan a los horsa. —dijo Emir e hizo una mirada sobre la Aldea.

Ambos hombres llegaron a la tienda donde Irtza estaba con el jefe. Llegaron en el momento justo en que el maitreya susurraba un mantra sanscra y besaba la frente de Hohawnk. Tokan pudo ver como la vida abandonaba el cuerpo de su jefe en un soplido.

—Los mohaws son los primeros que entregan a uno de sus grandes en esta empresa. Conocí a tu jefe cuando era un joven tal como tu lo eres ahora Tokan. Fue un gran guerrero y ha muerto como tal. —dijo Irtza, poniendo la mano sobre la frente del guerrero mohaw.

Tokan miró el cuerpo de su jefe y el esfuerzo que hizo para no llorar fue tan evidente que el mismo general Emir le puso la mano en la espalda, en señal de apoyo.

—Tokan. —dijo Irtza. —Ya tendremos tiempo de llorar al Gran Jefe Hohawnk. Pero es necesario que sepas de la importancia de lo que acaba de pasar. Tolomac no es sólo la única población que podría llamarse ciudad en esta parte del mundo, es el primer combate de una guerra como jamás se vio. Tolomac debe dar un paso hacia el destino y sólo puede hacerlo con un rey que una a todos los mohaws bajo su mando.

—Solo el consejo puede nombrar un jefe, maitreya. Jefe, y no rey es lo que tenemos.

—Lo sé, Tokan. Eso es lo que hay que cambiar después de este combate. Sólo un rey podría hacer tratos con las  tribus de escalpadores y los hombres de los pantanos al sur. Necesitamos a la bruja Anthas. ¿La has visto?

—Estaba en la Casa de los Jefes. La envié a que ayudara a los heridos.

—Bien, pensé que había muerto. —dijo Irtza y miró a todos los que estaban en la tienda para que lo dejaran solo con el guerrero mohaw. —Tu eres el primer guerrero de Tolomac. —dijo Irtza cuando todos dejaron la tienda. —Convoca al consejo, yo hablaré ante las tribus y explicaré la situación. Entre todos sabremos quién es el rey de las tierras del Norte. El rey de la nueva Arca. La parte más potente de la alianza de los hombres del norte.

—El consejo puede reunirse en tres días, maitreya.

—Envía corredores. Que sea en dos.

 

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