Musa (22)

Llegado a este punto creo innecesario aclarar mi falta total de objetividad con el trabajo de El Artífice. Lo que en otros juzgaba duramente, en él me parecían hallazgos. Lo que en muchas Musas me aburría, en las de él me deslumbraba.

Estaba fallando totalmente en mi trabajo y, aunque al principio muchos me acompañaron en mi entusiasmo, con el paso del tiempo me fui quedando solo en mis calificaciones y elogios.

Casi no me conectaba a RCEC que no fueran las de El Artífice y no daba demasiadas puntuaciones por mes, lo que dañaba mis ingresos económicos. Lejos había quedado el hombre pragmático que, si bien disfrutaba su trabajo, también tenía claras sus necesidades. Me había vuelto un fanático y no podía salir de eso.

La última Musa de El Artífice quizás no había sido la mejor de su obra y eso me dejaba en mala posición ante mis colegas y los usuarios que seguían mis puntajes. Le había dado una calificación sobresaliente como siempre y eso generaba dudas en cuanto a mi trabajo. Sólo me quedaba esperar que sus RCEC mejoraran.

 

Esta vez pasó un largo tiempo hasta que hubo una nueva disponible. Yo sabía que habría más pero muchos en El Salón ya hablaban de que El Artífice había agotado su repertorio, que se había vuelto anticuado, que ya no podría superarse. Hablaban de nuevos artistas a los que no había experimentado pero de los que estaba seguro me frustraría. Sentía que no podía haber algo mejor que la obra de El Artífice. No quería que lo hubiera.

Discutí con muchos críticos y usuarios acerca de esto.  Lo defendí. Pero siempre preocupado de que tuvieran razón.

 

Los meses pasaron y ante su ausencia tuve que volver a conectar a la obra de otros, a calificar, a volver a aumentar mi trabajo aunque sin empuje, sin sentido de maravilla, por costumbre y siempre decepcionándome de las RCEC.

 

A veces volvía a conectarme a sus Musas. Las experimentaba de nuevo y crecían en mi mente, aumentaban sus detalles, sus ideas, su genialidad.

 

Pero había noches en que no podía dormir, preocupado, pensando en él, no de forma egoísta, deseando que volviera a darme Musas en las que perderme, sino pensando en cómo sería su vida.

¿Dónde estaría? ¿Aquí cerca? ¿Sería feliz sin conectarse y crear? ¿Podría vivir sin ello? Sabía que yo no lo haría nunca. No había otro mundo para mí que el de las Musas.

 

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