Musa (21)

El suelo es ceniza gris y en el aire flotan restos negros de algo incendiado hace tiempo. Mi cuerpo se siente seco y rígido, caminar me cuesta y no escucho mi respiración ni mis latidos. Sólo un silbido inunda mi cabeza, una extraña música venida del viento que atraviesa el paraje destruido.

Me muevo lentamente, sin dirección, mirando hacia el horizonte, buscando algo.

Me cuesta de a ratos, como en las Musas realmente bien hechas, distanciarme y entender que soy un usuario conectado en una habitación cómoda y lujosa. Recuerdos del hombre que soy se mezclan con el ser en que he sido convertido. El fantasma de un ser humano se mezcla con mi percepción y sensaciones dentro de la RCEC. Trato de entender y de a poco me doy cuenta que no soy un hombre. Mi cuerpo está hecho de una madera vieja y marchita. No tengo brazos sino ramas, no tengo rostro, ni cabello ni piernas. Me muevo por inercia pero sé que tengo un alma. Un alma que sufre en este mundo devastado en el que estoy. Y estoy muriendo. No como muere un ser humano, no. Muriendo de una forma inimaginable. Secándome.

Y no es dolor lo que siento, como este ser vegetal y extraño que se marchita. No es miedo a la muerte. Es una paz que me llena mientras recorro mis últimos pasos esperando algo, con la hermosa sensación del viento moviéndose en mi interior y creando el sonido que llena mi mente fuera y dentro de la Musa.

Entonces me detengo. Miro el horizonte y un sol enorme y rojo surge de él velozmente. Ilumina todo haciéndolo enrojecer. Siento el calor, es insoportable, mi cuerpo no lo resiste pero trata de seguir avanzando, de acercarse aún más. Ardo. Mi cuerpo se deshace en chispas que arden a mí alrededor, me vuelvo ceniza. Desaparezco.

 

Desconectado, bebo un vaso de agua para refrescar el calor imaginario al que he sido sometido. ¿Qué está queriendo decirme el artífice? ¿Que no temamos?

Sentado en mi sillón veo nubes de una tormenta eléctrica iluminar el cielo contaminado a lo lejos. ¿Qué es lo que queda en mí después de esta Musa? ¿El Artífice siempre quiere decirme algo o yo estoy creando ese sentido y atribuyéndoselo a su obra?

Me duermo allí, agotado.

 

Y sueño.

El uso continuo de RCEC ha hecho que la mayoría de nosotros ya no soñemos. Como una máquina cansada nuestro cerebro se apaga al momento en que cerramos los ojos. Saturados nuestros sentidos y mente se desconectan.

Pero extrañamente después de las Musas de El Artífice a mí me sucede lo contrario. Solo con las de él, eso sí. Sueño cada vez que me sumerjo en sus creaciones.

Al despertar no recuerdo lo soñado, pero si la sensación de haberlo hecho.

 

Esta vez, al despertar, además encuentro la respuesta.

Entiendo, o por lo menos creo hacerlo, qué significaba esa RCEC.

Hay que seguir. Aunque lo que siga sea la muerte. Hay que seguir. Sin miedo. Y arder. Desaparecer.

 

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