Perpetua en Eribea (17)

Saludos, ciudadanos de las Américas, dice el Gordo, sentado en la cama del hotel. Ignora a Daniel Clement y se concentra en un punto fijo del aire, como el locutor de un noticiero.

Los anuncios que circulaban por Supranet poniéndole fecha a nuestro abordaje del WDLM eran falsos: desde Oktubre jamás declaramos ni declararemos fechas oficiales para nuestras acciones en la red. Reconocemos que quebrar el Paladión dio más trabajo de lo pensado, pero lo importante es que lo logramos. Ahora lo que importa es difundir nuestro mensaje. Nuestro objetivo jamás fue destruir el Website. Sus administradores seguramente intentarán eliminar este epitafio de los buscadores: les pedimos que lo descarguen enseguida. Archivo wm-5476leni.epi. Reprodúzcanlo en todas las redes y cadenas de noticias, en las cúpulas de toda Virtualia, en las ludoconsolas de todos los bares y cantinas. Subtitúlenlo, dóblenlo a todas las lenguas del mundo, multiplíquenlo de pantalla en pantalla. Ése será su aporte a la causa de Oktubre.

Amigos: no negamos la importancia del Website de la Memoria, ni siquiera en estos años en los que su tráfico ha caído en picada. Fue un gran trabajo y sus fines todavía nos parecen loables. “Recordar para no repetir los errores del pasado”. ¿Quién podría estar en contra de eso? Ciertamente, no Oktubre. Lo que venimos a denunciar es que el WDLM se ha convertido en el vocero involuntario de una injusticia. Es el heraldo automático de una estrategia secreta del fascismo internacional. El nombre de esa farsa inhumana es Eribea. Oktubre quiere darles su versión de los hechos, para desempatar las fuerzas mediáticas que traban el tema en la opinión pública.

¿Pueden sacarme de acá?, intercala Clement al escuchar la palabra Eribea; la voz le sale quebrada y casi ni se oye. El gordo sigue ¿leyendo? No se ve ningún papel entre sus manos.

Cuando los representantes de varios estados americanos empezaron a bregar por la reinstalación de la pena de muerte a raíz del recrudecimiento mundial de la violencia en todos los niveles sociales —una tendencia que Oktubre no desconoce ni niega—, al menos tuvimos algo de suerte: durante varios años las fuerzas políticas se equilibraron en los respectivos parlamentos. Los sectores más moderados, cada uno con otro nombre en los diferentes países de la región, lograron mantenernos a salvo de una regresión social que nos devolvería a las épocas más oscuras de la humanidad.

Pero entonces llegó la Gran Catástrofe del Plata. La Teoría del Accidente y la del Ensayo Intencional todavía tienen sus grandes defensores; en cualquier caso, lo real era que había que juzgar a los responsables. Para ellos ningún castigo legal en curso parecía suficiente. La sociedad estaba más sensible que nunca. Cuando algunos intelectuales progresistas se atrevieron a debatir en Supranet sobre la reactivación de la pena de muerte —un tema que antes se hubieran negado a discutir—, los representantes conservadores vieron su oportunidad de ir por más. Podían aprovechar la tendencia natural de las fuerzas de izquierda a abrazar la indignación. Envuelto en el papel de regalo del proyecto Website de la Memoria, los partidos progresistas de Argentina y Uruguay aceptaron el paquete completo, que incluía la puesta en práctica del Experimento de Reclusión Intensiva en la Base Extracontinental de las Américas.

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