Musa (17)

“Pero no termino de entenderlo. ¿Por qué este mundo, por qué esta gente?” le dije molesto. “¿Por qué no mostrarte de nuevo con tu desbordante imaginación al completo, para sorprendernos?. Esa sería la forma de llegar a más gente y después sí, darnos este mundo, como una forma de enseñarnos lo lejos que hemos ido”.

“Lo estás entendiendo mal. Este es mi mejor trabajo, esta es la creación donde estoy dejando todo. Después de esto no hay más que pueda dar. Voy a compartir mis otras creaciones pero para mí son sólo bocetos. Mientras más maravillosas e imaginativas, más siento que empalidecen frente a esta Musa. No hay colores, no hay sonidos, no hay momentos más transformadores que los que acabas de pasar. No hay nada más bello que la sonrisa de esos niños, que los momentos que podés pasar con ellos, si entendés donde observar. Pensé que lo ibas a comprender”.

Conmocionado por su respuesta me sentí un egoísta, un ser mezquino que sólo buscaba el placer. No es que compartiera lo que decía y lo que me mostraba en la Musa, no es que fuera a cambiar mi vida. No, no. Estaba atrapado en mí mismo y ni la mejor RCEC podría moverme de mi confort. Pero hubiera deseado tener ese lazo con el hombre al que admiraba.

El genio de todos tiene un límite y el de El Artífice iba a chocar contra el de todos sus usuarios. Ninguno de nosotros quería cambiar su vida. Quizás por eso me decía que era su última creación. Su vida estaba en otro sitio ahora, no en las Musas, pero la nuestra iba a estar atrapada hasta el último suspiro. Ese era el lujo que teníamos. Una cosa es conectarse y drogarse por placer y tedio, otra muy distinta por desesperación. No era el dolor el que nos hacía querer estar lejos del mundo, sino ese spleen estúpido del que tiene la vida asegurada.

EL Artífice sonrío como si escuchara mis pensamientos.

“Está bien, no importa, cada uno tiene su camino. Te agradezco que hayas llegado hasta aquí aunque a partir de ahora nos separemos. Necesitaba a alguien que me escuchara. No preveo que muchos más usuarios lleguen tan lejos y menos que me oigan como lo hiciste. Lo único que te pido es que no olvides por qué hice esto. Puedo entender que a todos les alcance con las RCEC, pero a mí ya no. Amo las Musas pero tengo que dejarlas. Mi obsequio de despedida son todas las creaciones que voy a compartir después de ésta. No juzgo a nadie, pienso que alguien que crea no puede juzgar, pero a la vez siento que tiene que ser totalmente sincero con lo que hace. Mi amor y mi asombro no han disminuido pero mi corazón y mi mente ya no están aquí. Están afuera, en algún lugar.”

Sin decirme más, caminó a través de la habitación como un fantasma, volviéndose traslucido, desconectándose  poco a poco. Me dedicó una última mirada desde la puerta. Sonriéndome, se fue.

 

Después, ya en mi habitación, cuando la conexión terminó, lloré. Como si un buen amigo hubiera muerto. Me sentiría mucho más solo a partir de entonces.

Aún conmocionado coloqué la puntuación más alta en los rankings a la Musa. Pero creo que fuimos pocos los que buscamos algo en ella, tal como El Artífice había pensado. La RCEC fue abandonada poco a poco hasta que casi fui su único usuario. Algunos otros la habrán recorrido, pero estaba seguro que El Artífice ya no estaría por allí para ellos como esa primera vez para mí.

Seguí conectándome a ella en los años que siguieron. Muchas veces llegaba a la fuente y me quedaba observando a los niños jugar y reírse, otras recorría la ciudad buscando. Pero la iluminación nunca me llegó. Nunca cambié. Seguí trabajando y conectándome, disfrutándolo, aunque quizás menos, y buscando las Musas que El Artífice dijo que iba a ir poniendo en línea. Y las encontré. Fueron maravillosas, las mejores. Incursionaban en todas las variantes con maestría y emoción. Cada vez que una aparecía era un antes y después en la disciplina.

Pero él tenía razón. La más increíble no era la más imaginativa, sino esa en la que había luchado con su mente y su memoria tratando de reproducir su experiencia en el mundo debajo de nosotros, tratando de que eso nos modificara de alguna forma.

No sé si tuvo éxito en otros. En mí no. No sé si él mismo encontró algo fuera de las Musas. Pero su genio nos iluminó a todos, aunque para él no fuera suficiente.

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