Musa (15)

“Tengo que decirte que sos el único que ha llegado hasta aquí. No sé si lo sabés, pero el creador puede monitorear eso. Tampoco sé si los otros grupos de creadores se ha dado cuenta. Pero, a la manera de un Dios, podés mirar tu creación y seguir a los usuarios. La mayoría de los que se conectaron a esta Musa, seguramente buscando otra variación de mi primer trabajo, no llegaron hasta aquí. Sólo vos lo hiciste” dijo El Artífice mientras me sentaba frente a él.

“Me costó. Tuve que dar varios saltos de fe. Tuve miedo y la verdad es que me siento fascinado y desilusionado a la vez. Entendí que estabas tratando de expresar algo, al principio pensé que simplemente era un paseo por el infierno de la realidad para llevarme a algo más excelso. Pero está bien. No es así. Ahora necesito entender”.

El Artífice sonrió un poco incómodo. “Sí, te lo debo. Y no sólo es que vos necesitás entender ahora, sino que yo necesito explicarme. Y creo que no podría ser a alguien mejor”.

Se quedó en silencio por unos segundos, mirándome. Era muy joven pero su rostro se veía cansado y agobiado. Como el de una persona que ha dejado de disfrutar de lo que más ama.

“Mi familia tiene mucho dinero, llevo una vida acomodada y casi no había tenido contacto con el mundo real hasta hace poco. Quisiera presentarme como un artista atormentado pero mis padres y hermanos son buenas personas, cuyo único pecado es pertenecer de nacimiento a una clase social. Y que todo lo demás no les importe para nada.

Al tener dinero tuve una de las primeras RCEC que llegaron al país y me sumergí en ella de inmediato. Me imagino que, al igual que vos, percibí el potencial que aún no estaba aprovechado. Pero aún en la Musa más torpe encontré un placer inmenso. Quizás me hice adicto a la droga muy rápido, quizás necesitaba soñar y escapar de mi hastío.

No puedo decir que en un principio comprendiera como desarrollar una RCEC interesante, en verdad no tenía idea de cómo hacerlo. Simplemente me conecté y empecé a jugar, y en un golpe de suerte, de una forma instintiva, creé mi primera Musa, la que experimentaste. Usé un sueño y una pesadilla de mi niñez, combinadas. Fue muy sencillo. Mezclar placer y miedo. No quedarse en una experiencia común sino llevarte de lo extraordinario a lo aterrador. La puse en línea muy feliz. Como siempre, antes de creador, soy un usuario, así que lo hice para poder disfrutarla toda las veces que quisiera. Nunca imaginé que tantos la disfrutarían. Ni podía imaginar lo que sucedió.

Mientras tanto, seguí creando, probando, imaginando, y observé una industria del entretenimiento crecer gracias a mi trabajo. Aunque no lo creas nunca he recibido nada, ni mecenazgo, ni auspiciantes, ni dinero por esa Musa. No me hacía falta. Ni antes ni ahora. Mi familia me dio un departamento y un ingreso mensual, por lo que no necesité trabajar y no salí de mi departamento por años”.

“Estás describiendo mi vida” le dije sonriendo “aunque nunca pude crear nada de valor”.

“Creo que es la vida de toda nuestra generación” me contestó “no tengo idea de cómo va a ser el mundo en 50 años, cuando seamos ancianos adictos a las Musas. Pero bueno, ya es tarde para cualquier cosa.”

“Después de mi primer creación seguí trabajando. Me conecté a todas las RCEC que salieron después de la mía, las disfruté mucho y aprendí de ellas, admiré a otros creadores. Pasaron los años y me sentía solo. Así que cuando surgió El Salón me puse muy feliz y acudí a él entre los primeros. Soy muy tímido así que nunca dije quien era, solamente andaba por el lugar, charlaba con los otros creadores y los fans. Era muy reservado en cuanto a hablar de trabajo pero lo pasaba muy bien conociendo gente por fin.

Es muy triste decirlo ahora, y siento que en verdad no he vivido, pero ahí tuve mis primeros amigos. Y, por encima de todo, la conocí.

Un día se me acercó y comenzó a hablarme. Era la primera mujer joven con la que pasaba tiempo. Charlábamos de las RCEC como fans, nos recomendábamos creadores, compartíamos lo que habíamos sentido en cada Musa. Me conectaba todos los días y la buscaba desesperado. Ella era hermosa, inteligente, simpática y de a poco me fui enamorando. Hablábamos durante horas y ella, por nuestras charlas, intuyó quién era yo. Me dijo que me admiraba, que era fan de mi trabajo. Dejo de hablarme de forma normal y todas nuestras charlas se reducían a preguntas sobre mis RCEC. Cuestionaba todo el tiempo por qué no había una nueva creación mía a la que conectarse. Eso me hizo sentir mal. Necesitaba que ella me quisiera por quien era, fuera de la Musa, es patético pero es así. Cada vez me sentía peor y ya desesperado le dije que nos viéramos fuera de El Salón, en el mundo real. Ella se río. Me dijo que para ella éste era el mundo real y que esto era todo lo que podíamos tener. Podíamos compartir RCEC y tener sexo aquí si queríamos. Pero nada más. ‘¿Qué es lo que querés en el mundo real?. El mundo real es horrible. ¿No lo conocés?’ me dijo un día.

El Artífice se puso de pie con los ojos vidriosos y una sonrisa incómoda.

“Y no, no lo conocía. Así que me fui de El Salón, de todas las Musas, y no volví a verla”.

 

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