La marea de bronce (13)

Pies blancos en la Bahía del Castor

 

El sonido del cuerno de Carnero despertó a Emir. Tres soplidos cortos y uno largo significaban sólo una cosa, batalla. Emir aún desnudo se asomó por la galería del segundo piso de la Casa de Piedra y miró hacia la playa. Dos extraños navíos estaban por llegar a la arena. Su guardia de cuarenta Elohim estaba formada en posición de espera, con las lanzas hacia delante apoyadas sobre el escudo largo. Detrás, veinte arqueros esperaban órdenes.

Emir se vistió rápidamente mientras despertaba a Jonté y le ordenaba marcharse hacia el río para volver a Tolomec en canoa. No había tiempo de explicar mucho. Le dio un beso prolongado antes de llevarla hacia la puerta en el segundo piso.

—Debo ir por detrás Emir, tus hombres me verán.

—Eso ya no importa mi niña. Sólo huye y dile a tu padre que se prepare para la guerra.

Jonté lo miró y por un momento se paralizó. Emir iba a tomarla por los hombros cuando el rostro de la joven cambió y se dio vuelta para correr hacia el río.

Emir salió de la Casa de Piedra y se dirigió a sus hombres. Su capitán traía consigo el gigantesco carnero negro que montaba el general.

—No, capitán Abin, quédate en el bosque con el carnero y espera allí, me temo que tendremos que correr hacia Tolomec en breve. Si caigo, estas a cargo de las tropas shatsza hasta que los maitreya nombren al nuevo general.

—Sí, general. —dijo el capitán Abin montando al carnero.

—Abin.

—Sí, mi general.

—Dame tu yelmo y llévate el Yelmo Carnero, que no caiga en manos enemigas.

—Sí, señor. —dijo el capitán intercambiando su yelmo.

 

Emir se puso al frente de sus hombres con un escudo redondo, como usaban los soldados en la retaguardia, y una lanza corta. Hizo la seña de avanzar y los cuarenta elohim se movieron en compacto hacia la playa a paso simple.

Escucharon el sonido de un cuerno, muy distinto al cuerno de carnero al que estaban habituados, y el general ordenó redoblar el paso. La columna se apuró para llegar al promontorio por donde se accedía a la playa. Era el paso más fácil para salir o entrar en la arena y era la mejor posición para defender el avance.

Desde los extraños barcos, hombres grandes y muy fornidos se bajaban completamente armados. Sus estandartes parecía representar a un jabalí y sus escudos de madera eran casi tan grandes como los escudos rectangulares de las primeras líneas de elohim.

—Es imposible. —dijo Emir, acomodándose el yelmo. —Son pelirrojos.

El general se dio vuelta y miró a sus hombres. No encontró temor en los rostros de sus soldados, pero sí una incómoda extrañeza. Para sus hombres, para él mismo, los pelirrojos eran una historia del pasado, una de las más grandes batallas de los elohim. Emir no pretendía que la confusión y el asombro se adueñaran de su columna y se dio vuelta para arengar a los suyos.

—Elohim, vaya regalo de Visna, el dios durmiente nos ha permitido rememorar la guerra con los pelirrojos. Sólo que esta vez no se quedarán en esta tierra, ni construirán otra Casa de Piedra. Esta vez, los que queden vivos después de que nuestras blancas lanzas se pongan rojas de su sangre, escaparan como cachorros a sus barcos con forma de serpiente.  ¡Por Irtza!

—¡Por Irtza! —respondieron sus hombres

—¡Por el Monte Shatza! —gritó el general levantando su lanza.

—¡Por el Monte Shatza! —respondieron copiando el gesto sus hombres.

Los pelirrojos, ya formados, no parecían sorprendidos por el recibimiento y  golpeaban sus escudos de madera con sus hachas y espadas, mientras cantaban una canción de guerra en un idioma que sonaba extraño y gutural para los soldados elohim. Avanzaban y retrocedían amenazantes, cada vez ganando más espacio en la playa. Los lideraba un hombre que le llevaba al menos una cabeza al más alto de los elohim, vestido con pieles negras y un yelmo terminado en dos cuernos, arengaba a los suyos en su extraña lengua.

Emir dio la orden para recibir a los invasores con una andanada de flechas. Cayeron algunos pelirrojos, que cerraron la formación para avanzar con sus escudos formando una pared. Emir avanzó al frente y se detuvo en el comienzo de la subida, con los lanceros prestos a detener el avance. Los pelirrojos los superaban en número, casi dos a uno, pero la posición le permitía optimizar tropas. Una nueva andanada de flechas elohim cayó sobre los pelirrojos pero no causaron nuevas bajas. A pocos metros de la formación de Emir, los pelirrojos se lanzaron en carga. El embate hizo retroceder a los lanceros pero ninguno murió en el pesado embate de los invasores. A su vez, cinco pelirrojos cayeron bajo las lanzas blancas, muertos. Reorganizados, volvieron a la carga, el líder se lanzó primero y, corriendo con su gigantesca espada algunas lanzas, se plantó frente a Emir. Tomaba su arma con ambas manos y lanzaba golpes furibundos sobre el escudo del general, que replicaba con su lanza. La rapidez del general elohim hizo que la lanza llegara al cuerpo del pelirrojo. Lo alcanzó primero en el brazo, pero el líder de los pelirrojos no pareció inmutarse. Seguía lanzando sus violentos golpes de espada contra Emir que sentía cómo el brazo y el hombro que sostenían el escudo se magullaban y herían en cada golpe. Los lanceros elohim habían contenido el segundo embate esta vez con dos pérdidas y avanzaron sobre la playa para poder ampliar la línea. El líder de los pelirrojos golpeó nuevamente el escudo de Emir, esta vez haciéndolo perder el equilibrio y caer al suelo.  Un soldado elohim se apresuró a interponerse y devolvió un mandoble. La espada del soldado se quebró en el segundo ataque del líder de los pelirrojos y le alcanzó el cuello, cuando cayó en la arena, su cabeza rodó a los pies del general. Emir se había incorporado de nuevo, dejando su escudo. Esquivó un ataque del líder de los pelirrojos dirigido a su estómago y con un golpe seco, clavó la lanza en el cuello del hombre que se tambaleó y cayó de espaldas. Los elohim lanzaron un grito de victoria y la línea de espadachines se lanzó contra los pelirrojos por entre los espacios que dejaban los lanceros. La muerte de su líder enardeció a los pelirrojos que separándose un poco se lanzaron sobre los flancos de la formación elohim.  Emir ordenó detener el avance para no quedar rodeados de guerreros pelirrojos. El combate no estaba decidido aún.

 

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