La marea de bronce (11)

La duda de Mehucur

 

Mehucur miraba sentado en un viejo tronco caído como se movían los jóvenes punchen preparando la cacería. Sobre él recaía el peso de sacar adelante a su pueblo, de enseñar a esos jóvenes las artes de la caza, los artilugios de la guerra, los viejos mitos y las historias que mantenían unida a su tribu con los otros pueblos huenches. Sin embargo, Mehucur, se había visto sobrepasado por la tarea. Sus fuerzas, sus esperanzas, habían ido palideciendo poco a poco como la vida de un ciervo viejo y cansado. Los jóvenes discutían su liderazgo, realizaban sus propias pruebas desoyendo sus consejos. La rivalidad entre Mhuencalfú y Khona era cada vez más marcada. El primero conocía naturalmente los ribetes de la política y el discurso encantador, y el segundo se distinguía en la caza y la bravura. Mehucur, capitán de Kimen Mapu, padre de Mhuencalfú, sabía que cuando llegase el momento él elegiría al hijo de su jefe para sucederlo, pero el crecimiento de Khona, su demostración de fuerza, su liderazgo nato se harían cada vez más y más difíciles de obviar a la hora de tomar la decisión.

Mientras pensaba esto, vio aparecer a Khona en el claro seguido, como siempre, de sus amigos Lautro y Calcurá. El joven punchen llevaba a los hombros un venado de gran tamaño y su sonrisa, amplia y desafiante, coronaba su rostro como para que todos supieran que la cena de esa noche era gracias a él y a sus dos capitanejos. Mhuencalfú miró a Khona y le dedico una sonrisa burlona aunque excelentemente disfrazada. Mehucur los miraba y cruzó miradas con el hijo de su jefe, pero Mhuencalfú volvió al círculo de jóvenes que habían comenzado a despellejar los venados y no miró más ni a Khona ni al viejo jefe.

Mehucur felicitó a los tres cazadores y después de dar directivas para que llevaran todo al campamento, comenzó él mismo el descenso hacia las tolderías. Cuando llegó, se dirigió de inmediato a la tienda de la maaki. Entró sin llamar y la encontró sentada frente al fuego. Los ojos blanquecinos de la vieja mujer parecían escrutar todo desde otro mundo, como si esas nieblas fueran la claridad y la ceguera fuese en realidad el instrumento para ver sólo lo importante que se pudiera ver.

—Tenemos que hablar maaki. —dijo Mehucur sentándose frente al fuego.

—Sé que te molesta tener la responsabilidad y el poder en tus manos capitán. Pero no es tiempo de elegir al nuevo jefe punchen. Ese es un juego que tendrás que jugar algún tiempo más.

—Lo sé maaki, pero tengo que estar seguro que las señales que recibas sean las correctas. Una mala elección y será la última que hagamos.

—El padre Aonike nos dirá cuál es el elegido. Deja de preocuparte por eso. Hay cosas más acuciantes. He soñado.

—¿Qué viste sobre nuestro futuro?

—Los hombres caminamos mirando hacia el pasado, de espaldas al futuro. Tú sabes que a las brujas se nos permite dar vuelta la vista y vislumbrar de reojo lo que el futuro nos depara.

—Si, vieja hechicera. Lo sé. Los sueños son esa mirada hacia lo que no podemos ver.

—Exacto. Y he tenido uno que parece ser el más importante de todos los que haya soñando. Hay una perturbación en el orden de la vida, un cambió en el sol, en la tierra, en la luna. Y un punchen tendrá un papel importante en el suceso, el más grande desde la guerra de Lonko contra los pelirrojos.

—Ya mujer. Cuéntame de que trata ese sueño.

La hechicera hizo un gesto ofensivo a Mehucur pero no dijo nada. Puso un cacharro con agua sobre las brasas y arrojó unas hierbas en el.

—En el norte, más al norte que los sapaninti, mucho más al norte de lo que pudiéramos pensar se está reuniendo un gran ejercito. Ejercito de miles de naciones y pueblos preparados para una guerra como nunca antes se vio.

—¿Más importante que las guerras contra los gigantes y los hombres serpiente?

—Si, Mehucur. Más importante que esas guerras. De un monte sagrado ha partido un jinete blanco. El peregrino le dicen. Es él quien reúne tal ejército. Llegará aquí en cinco inviernos. Veremos aparecer el barco Kaleuche en las costas del este.

—¿Kaleuche?

—El barco de los brujos. El barco negro de los brujos. La nave que jamás detiene su viaje. Antes de que la veamos, tendremos un nuevo jefe. Ve tranquilo. Los punchen no desapareceremos de este mundo.

Mehucur dejó la tienda de la hechicera. Respiró un profundamente el aire de la llanura y vio como del bosque empezaban a aparecer los jóvenes portando las presas de caza. Dudaba mucho que los punchen participaran en una guerra tan grande, diezmados así como estaban. Pero si eran tiempos de guerra los que se avecinaban, la opción era clara. Khona sería el nuevo jefe de los punchen.

 

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