Musa (10)

“Un día se me acercó un chico joven, de unos 17 años, al principio no le presté atención. Se sentó junto a mí y comenzó a hablarme. Me dijo que se sentía solo, perdido, falto de inspiración. ‘¿Sos creador?’, le pregunté, ‘¿trabajas en algún grupo?’. Contestó que no, que lo hacía solo. Instantáneamente supe que era él”, me dijo la chica.

Seguramente ella, mientras me contaba esto, veía mi rostro deformarse por la angustia. Él había estado allí. Me maldije a mí mismo, desee haber prestado más atención, no haber sido tan estúpido.

“Charlamos muchas veces, pero hace un tiempo que no lo veo. La última vez me contó que había vuelto a trabajar, que haría algo nuevo que cambiaría todo. Que estuviera atenta”, me dijo ella.

Una ansiedad total y casi dolorosa inundó mis días.

 

Me conectaba pero no disfrutaba de las RCEC. Pasaba más tiempos rastreando indicios en los rankings online, mirando el nombre de cada Musa, tratando de adivinar cuál de ellas sería la creada por el Artífice. Intuía que no usaría su verdadero nombre, que trataría de darnos una experiencia nueva, totalmente virgen hasta de sí mismo y de lo que había hecho previamente.

 

En El Salón, se empezó a correr la voz de que El Artífice estaba por volver. Hacía cuatro años que había creado su primer Musa. Todo había cambiado, evolucionado, aunque nadie había logrado su impacto.

Discutíamos hasta el cansancio sobre su próximo paso. Algunos como yo, imaginábamos un regreso triunfal para conmover los cimientos de la disciplina. Otros, más jóvenes, descreían de nuestro mesías, decían que ya estaba fuera de moda, que si no había hecho nada hasta ahora era porque tenía poco para aportar.

Lo que nos había emocionado a los primerizos no era, en verdad, lo que interesaba a los usuarios jóvenes. Éstos buscaban emociones más fuertes, más extremas. Ya no sólo trataban de encontrar el placer o la maravilla, o quizás sí, pero de otra forma. No entendían que El Artífice había sido el primero en buscar esas sensaciones. A él no le alcanzaba con hacernos sentir bien, buscaba conmovernos. Desde su primera obra la emoción principal era la angustia.

Lo que si respetaban los nuevos creadores y usuarios era que El Artífice se hubiera mantenido en silencio todo este tiempo, sin tratar de replicar de forma simple su primer creación.

 

Seguí discutiendo, buscando, conectándome, desesperando.

 

Y entonces, un día en que el aburrimiento del trabajo diario estaba ya haciéndome perder la fe, me conecté, recorrí un par de realidades y al ver la lista quedé helado frente a la pantalla.

 

Era ésa, tenía que serlo.

 

La Musa nueva de El Artífice.

 

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