La marea de bronce (05)

El bosque de los conejos

Mano de Ardilla preparó un fuego pequeño. Aún faltaba para que anocheciera pero el bosque empezaba a ponerse frío. Recogió ramas y piñas para avivar el fuego y se sentó dispuesto a esperar. Mirando las llamas se dormitó.

El sonido de las ramas quebrándose bajo un gran peso, lo puso en alerta. Vio en el bosque la silueta de un gran animal, moviendo la cabeza de aquí para allá, para que sus gigantescas aspas no se engancharan entre las acacias.

Gumbur dijo Mano de Ardilla y se incorporó. No pasó mucho hasta que el gigantesco alce blanco entró en el claro. Irtza venía sobre él, en posición de loto y con los ojos cerrados, parecía estar en profunda meditación.

Maitreya dijo Mano de Ardilla, mientras hacía una marcada reverencia.

Mano de Ardilla, wicasa del pueblo de las praderas, levanta tu rostro contestó Irtza.

Maitreya, es un honor para un simple hombre como yo estar en tu presencia.

Según Miska, estás iniciado en los misterios de la nube tortuga y la profecía de los hombres de plata. No llamaría simple a un hombre con esos conocimientos. Practicas la humildad, Mano de Ardilla, aún la no necesaria. Me agrada saberlo amigo.

Gracias maitreya dijo Mano de Ardilla repitiendo una reverencia.

Dime Irtza, querido amigo. Tenemos mucho que hacer. He vivido más de trescientas vueltas al sol y ahora parece que no tengo tiempo.

Maitreya… Irtza, quisiera saber.

¿Qué deseas saber wicasa?

¿Aún está en este mundo Miska, el venerable?

Aún está en estas tierras, pero su viaje a las tierras del Gran Espíritu ha comenzado. Su papel en esta historia, sin embargo, ha sido cumplido y eso es algo que debemos agradecer a Visna, el todo.

Irtza miró a Mano de Ardilla fijamente. El medico brujo le sostuvo la mirada, a pesar de que sentía que el shatsza ingresaba a su mente y repasaba todos sus recuerdos, todas sus dudas, todos sus orgullos.

Veo que también estas iniciado en la teogonía verdadera.

Si, maitreya. Miska nos enseño a Ruido de Arroyo y a mí, los principios del terrible Visna, el todo. El dios que no se preocupa de los hombres, porque es a la vez todos los hombres.

¿Sabes de las guerras nagas y de los primeros cinco hombres?

Mano de Ardilla asintió con la cabeza. Irtza le sonrió satisfecho y chasqueó los dedos para que el fuego se avivara.  Se sentó y miró a Gumbur. Maaco masi le dijo en voz shatsza y el gigantesco alce se dio vuelta y volvió al bosque. Mano de Ardilla se sentó a su diestra y esperó que Irtza comenzara a hablar.

La señal de la nube tortuga nos avisa de la invasión de los hombres de plata. Pero nada nos dice del cuando. Es la amenaza lanzada por Caucas, el blanco, cuando los cinco se separaron en la batalla de la Roca Única. Amenaza sin tiempo, pero certera y veraz dijo Irtza.

Pero Miska nos dijo que poco después de la señal, deberíamos partir a la guerra, una guerra tan grande como las guerras nagas.

Si querido Mano de Ardilla, no podemos esperarlos aquí. Debemos cruzar el gran mar y caer como una tormenta sobre sus tierras. En el gran Libro Blanco, la respuesta a la invasión de los hombres de plata se conoce como La Marea de Bronce, la alianza de los hombres de Anuhuli, los descendientes de Amer, de Mu, de Osis. Incluso los descendientes de Mbolo y de Huan, todos los que alguna vez pisamos la Anteilha, se unirán a la guerra contra los hijos de Caucas dijo Irtza y miró un largo rato como las llamas bailaban recortadas contra la oscuridad del bosque.

 

 

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