Musa (02)

Debo decir que estuve allí casi desde el principio.  En los primeros tiempos del desarrollo de las Realidades Creadas En Conjunto (RCEC) o Musas, como las llamamos los usuarios, acababa de salir de la universidad con veinticuatro años, una licenciatura en Artes y una en Letras. Después de mi primera experiencia en una, me di cuenta de lo obsoletos que estaban mis estudios.

Un amigo era parte del grupo que desarrolló la tecnología para nuestra provincia y el resto del país, y me invitó a un test de prueba. Con miedo llevé adelante todo el proceso. Me senté frente a la máquina, me coloqué el casco (eran las épocas pre cables tecno orgánicos, no había conexiones instaladas en los cuerpos aún), tomé la droga, en lo que fue mi primer experiencia con una de ellas, y esperé.

Y entonces me sumergí y cambié mi vida. Mi primera experiencia fue muy simple. Las primeras Musas eran desarrolladas por científicos, no por creadores; entonces les faltaba locura y creatividad. En esa ocasión mi mente disfrutó simplemente de un paseo en auto por una ruta rodeada de campos y con grandes nubes de lluvia en el cielo. Nada espectacular. Pero las sensaciones eran vívidas y asaltaron mis sentidos. La conexión duró unos 10 minutos.

Mi amigo me explicó que la técnica recién se estaba desarrollando. La máquina, que transmitía a nuestro cerebro la configuración de realidad, y la droga, eran prototipos. Él pensaba que se mejoraría mucho en los próximos meses y que sería el entretenimiento del futuro. Yo le dije que estaba seguro de eso. Pensé de inmediato en que esto iba a ser grandioso: imaginé crear mundos, entendí que en las manos correctas podría ser totalmente adictivo y que suplantarían con total seguridad al resto de las artes. ¿Quién podría resistirse a la tentación de perderse en un mundo, en un sueño, y sentir la experiencia real?

Le pedí a mi amigo que me tuviera al tanto y, después de un tiempo, lo convencí de dejarme experimentar con esa tecnología. Para diseñar tomaba la droga y me conectaba a la máquina. “Hay que imaginar los detalles de a poco”, me dijo, “como si construyeras un rompecabezas. Primero, el gran marco: cielo, suelo, luz. Después, los detalles.”

Pasé un año tratando de crear algo que pudiera entregar las sensaciones que creía que estaban en las posibilidades de la disciplina. Hice algunos avances pero nunca llegué a lo que buscaba.

En ese tiempo, la técnica avanzó lo bastante como para que comenzarán a llegar del exterior máquinas más modernas. En unos 10 meses más ya teníamos máquinas hogareñas, había una red mundial de usuarios funcionando y comenzado las instalaciones de los cables tecno orgánicos en la gente. Todo sucedió de forma muy veloz.

Y junto a eso, aparecieron.

Los verdaderos creadores.

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